La historia de la Fundición Codina se remonta a finales del siglo XIX, cuando Benito Codina comienza en Barcelona, esta actividad artesanal. Junto a su socio Campins, se hizo con la fundición del artesano Masriera en la que ambos trabajaban.
En 1906, Benito se traslada a Madrid y trás establecerse en la calle Tarragona y pasar dos temporadas en las calles de Cartagena, Tarragona y Ardemans, asienta su factoría a mediados de los cincuenta en la calle Albarracín. Allí, una quincena de operarios, fundidores, cinceladores, todos artesanos, laboran en los hornos y talleres de la fundición.
En esta sede, la demanda no cesa. A su nave han llegado desde hace cuarenta años los modelos esculpidos por centenares de los mejores artistas españoles, y también extranjeros. Entre ellos, un Cristo de 11 metros de altura que fué colocado en la frontera de Bolivia con Chile, para zanjar la polémica de la anhelada mediterraneidad boliviana. En otra ocasión, varios aviones Jumbo trasladaron pieza a pieza a México la réplica de Cibeles que, en bronce, decora una bella plaza de la ciudad azteca.
En el año 1999, la fundición se traslada al domicilio actual en Paracuellos del Jarama, donde sus bisnietos María Luisa y Miguel Ángel, y su tataranieto Julio, continúan con el maravilloso arte de la fundición.
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